En el paso o transición que se da del paleolítico al neolítico, en cuanto al arte es tomado por muchos como insignificante, sin embargo el hombre da pasos importantes hacia la construcción de un mundo de significados. Uno de gran valor es precisamente la construcción de estas redes de significados que se dan en un pensamiento religioso, más allá de la magia para dar cuenta de ciertos fenómenos o intervenir en las relaciones causales. Esto representa la construcción de una cosmovisión, una teogonía y una teodicea, un entramado.
La propuesta filosófica de Husserl, recobra la discusión que se llevaba en la modernidad con respecto a la posibilidad de conocimiento -“noción trascendental en Kant”- luego de que el pensamiento occidental recibiera con los contemporáneos, marcadas y profundas críticas. Entre el vitalismo que encontramos en Niezsche y el positivismo en auge, nuestro autor pondrá en la mesa una reflexión por la realidad, pero ya no en los términos que ha planteado la tradición, ni tampoco desde la tendencia psicologísta preponderante. Husserl, matemático y músico además filósofo, plantea una ciencia de los fenómenos o ciencia descriptiva de fenómenos que se llamará “fenomenología”.
Para Nietzsche el tema de la moral y la tradición tienen muchos puntos de partida, podemos decir que desde su juventud[1] su reflexión inicial identificaba en la complejidad social, el uso de la doctrina religiosa para influir en el modo de comportamiento de las personas, pero más allá de esto, también hay una pregunta por los usos y costumbres seculares y la tradición.
En la modernidad, la preminencia de la razón, de lo razonable, desplaza al arte y sus expresiones despojándole de la capacidad de ser conocimiento. La “verdad” como valor supremo de la tradición, puede o no comenzar en la experiencia, pero se manifiesta en juicios, argumentos, definiciones y demostraciones.