El arte, “no debe concebirse de ningún modo como algo puramente secundario o instrumental en la historia de la cultura”[1]. El autor encuentra en el desarrollo artístico un motor del desarrollo del pensamiento y de la civilización.
El “Leviatán o la materia, forma y poder de un Estado Eclesiástico y Civil”, resalta el temor y pesimismo que despierta en su autor, las diversas circunstancias que vive Europa y especialmente la Inglaterra del siglo XVII. Si bien el autor tiene una posición fuerte en contra de la escolástica y la tradición religiosa, no debe considerarse ateo, aunque no es un creyente común.
Ponemos a su disposición en nuestra tienda web una compilación de textos digitales de Cecilio Acosta y sobre su pensamiento que puede ser de utilidad.
En la tradición filosófica nos topamos en reiteradas ocasiones con el “Yo”, con mayor fuerza y fundamento luego de las propuestas cartesianas. Este “yo” es, por un lado, mera subjetividad, pero por el otro es una razón generadora de verdades universales.
En la modernidad, la preminencia de la razón, de lo razonable, desplaza al arte y sus expresiones despojándole de la capacidad de ser conocimiento. La “verdad” como valor supremo de la tradición, puede o no comenzar en la experiencia, pero se manifiesta en juicios, argumentos, definiciones y demostraciones.