La realidad, más allá de lo que está fuera de nosotros, puede considerarse como aquello que es construido por el hombre a partir de lo experimentado. La belleza, en un principio, no nace como representación de lo cultural, sino más bien como proporción y simetría. Es decir, no en relación a valores puntuales (heroicidad, etc). Esto muestra que los antiguos tenían consciencia de estas proporciones y simetrías y la usaban de manera intencional.
El horizonte en el que Eagleton hace la aproximación a Nietzsche es desde el marxismo y en reiteradas ocasiones intenta establecer vínculos entre ambas propuestas, aunque reconoce también sus diferencias.
Es importante antes de introducirnos en el tema que seguimos, hacer algunas aclaratorias. En primer lugar debemos saber que algunas de las palabras que usaremos serán empleadas desde el hebreo. En segundo lugar, que los ritos litúrgicos que describiremos serán los más comunes fuera y dentro de la tierra de Israel.
A partir de la lectura del los parágrafos 512 y 513 de Voluntad de Poder, y teniendo en consideración lo discutido en clases y las lecturas trabajadas durante el Seminario, en especial la Introducción que hace Danilo Cruz Vélez: El puesto de Nietzsche en la historia de la filosofía; podemos decir que, al Nietzsche partir del “yo” -no del “yo” cartesiano, si no más bien de un yo que “quiere”, que “vive” y que le da valor y sentido al mundo. Este yo no es el “ego cogito” si no el sujeto de los apetitos, las pasiones, los instintos, los impulsos.