Limpio mis lentes,
con lágrimas saladas,
las que luego resbalaban,
por las mejillas que besabas.
Era fría la noche y sólo podía pensar en ti
Era oscura y despejada, miraba al cielo y era como mirar dentro de mí
Sólo te recordaba y te escuchaba, tus risas, oh tus risas!
Tu mirada penetrante como queriendo decir algo,
Como si me conocieras más que a mí mismo.
Tu canto, tu paciencia, tu respiro.
“… La educación es un servicio público y está fundamentado en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social consustanciados con los valores de la identidad nacional, y con una visión latinoamericana y universal…”[1]
Frecuentemente pensamos, hablamos o nos preocupamos por este tema, pero esto no significa necesariamente que reflexionamos al respecto. En esta oportunidad se trata de aproximarnos a estos términos y reconocer la importancia que tienen.
En la India se enseñan estas cuatro leyes de la espiritualidad, seguramente en algún momento habrás escuchado de ellas, pero el asunto es que nunca llegan a tu vida por casualidad. Una vez alguien me dijo que son bastante lógicas y que no merecen ser reflexionadas o que no añaden nada nuevo al conocimiento, porque se suponen en el sentido común, a lo que respondí: “Así como las bases que soportan los edificios se suponen y ya no se toman en cuenta una vez se pinta la fachada, las cosas más simples, suelen ser las más importantes, aún cuando ya dejen de observarse”.
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